EMPRESA PÚBLICA DE SERVICIOS ESPOL-TECH E.P.:
Secretaría de Gestión de Riesgos:

Ecuador, a pesar de contar con un alto número de volcanes activos, minimiza la amenaza de estos fenómenos naturales y su afectación a planificación de desarrollo del territorio y la seguridad nacional. Ecuador presenta alta densidad poblacional cerca de volcanes lo cual incrementa altamente el riesgo volcánico, especialmente en el Valle Interandino y la Región Insular. Diferentes comunidades están ubicadas a menos de 25 km de un volcán activo, dentro del radio de afectación de estos. Según el censo nacional (INEC, 2022) l menos 35% de la población ecuatoriana vive en zonas susceptibles a actividad volcánica. La escasa percepción que se tiene del riesgo volcánico en el país puede estar relacionada con la limitada información pública disponible por entes nacionales e internacionales. Y la información con la que se cuenta no es uniforme o está sujeta a la interpretación de los diferentes investigadores que realizan los estudios. Además, en las últimas décadas han surgido grupos o páginas que difunden información errónea y sensacionalista alarmando a la población, sin fundamentos o datos de fuentes verídicas. La percepción de la población con respecto al riesgo volcánico depende de factores sociales, culturales y económicos. Algunos factores sociales incluyen el conocimiento de procesos volcánicos, experiencias personales con crisis/desastres, tiempo transcurrido desde la última erupción y confianza excesiva en medidas de mitigación. Los factores culturales incluyen valores, creencias religiosas, tradiciones e incluso apego emocional a lugares. Y los factores socioeconómicos se refieren al efecto que los recursos disponibles y sustento económico tienen en el comportamiento de las personas. Por otro lado, la proximidad de centros poblados o infraestructuras críticas a las fuentes de origen de erupciones volcánicas aumenta las probabilidades que sean afectados por fenómenos como lahares o flujos piroclásticos, con tiempos de viaje muy cortos para productos volcánicos altamente peligrosos. Según el Atlas de Espacios geográficos expuestos a amenazas naturales y antrópicas del Instituto Geográfico Militar (2018) la infraestructura de salud (28%), educativa (22%), vial (23%), aeronáutica (6%), petrolera (5%) y energética (23%) se encuentra en áreas de afectación. Al mismo tiempo, de recursos mineros y megaproyectos (Electricidad, hidrocarburos, minería y multipropósito). La falta de planificación territorial que considera la presencia de amenaza volcánica incrementa el costo de los daños tanto directos (destrucción de viviendas, infraestructuras, cultivos) como indirectos (inestabilidad económica, efectos a la salud). Además, la población rural, vive en áreas propensas a la caída de ceniza volcánica impactando directamente al sector agrícola, las fuentes de agua, la flora y fauna.
Un claro ejemplo, es el del volcán Cotopaxi que ha generado importantes pérdidas socioeconómicas en los últimos periodos eruptivos. Se ha estimado que más de 300000 personas viven en áreas de alto riesgo que se encuentran amenazadas por lahares (flujos de lodo y escombros) de las cuales las más afectadas son el Valle de Los Chillos en Pichincha y Joseguango Bajo en Cotopaxi (IG-EPN, 2024a). En 2015, se produjo una erupción con grandes nubes de ceniza que afectó una parte muy significativa de la Sierra y la Costa poniendo en alerta a todo el país (IG-EPN, 2016). Dada la exposición a estos eventos, es esencial reconocer el valor de peligro y las vulnerabilidades significativas a lo cual están expuestas las sociedades. Por lo tanto, es fundamental contar con una clasificación de los valores de peligrosidad de cada volcán y determinar a cuanta población afecta. Esto con el fin de planificar las acciones de mitigación durante el desarrollo de una erupción volcánica. Otros países de Sudamérica como Chile y Perú cuentan con estudios que permitieron determinar el valor de la amenaza de cada volcán activo y poder determinar los posibles sectores que sufrirían afectaciones en caso de una erupción. Las metodologías y técnicas empleadas para evaluar el riesgo volcánico son diversas, sin embargo, para el caso de Ecuador sería ideal aplicar la metodología similar a la que se está aplicando en los otros estados de Sudamérica. En este caso, el punto de partida será la metodología de Nieto et al. (2020) que permite asociar un valor absoluto de peligrosidad a cada volcán.
El presente proyecto, parte de la importancia de determinar el índice de la peligrosidad volcánica partiendo de la metodología de Nieto et al., (2020). Primero se parte desde el análisis de los componentes con los cuales se evaluará el riesgo que son la amenaza, vulnerabilidad, exposición y resiliencia de las comunidades. Luego para cada componente a analizar se deben determinar las variables con los cuales se determinarán los puntajes alcanzados por cada área estudiada según el volcán de interés. Con este propósito, se expone la siguiente metodología
Durante las últimas décadas, se ha definido al riesgo como “la posibilidad de pérdidas humanas, daños materiales y afectación a las actividades económicas debido a un fenómeno natural” (UNDRR, 1991). Sin embargo, diversos autores han considerado la evaluación del riesgo bajo diferentes componentes. La primera propuesta relaciona al peligro, la vulnerabilidad y un valor que califica cuan expuesto está un determinado grupo de personas o actividad económica según Fournier d’Albe (1979). Otros autores como ISDR (2004), White (2005), Diouf & Gaye (2015), han propuesto el análisis del riesgo comparando sistemas en donde ya existe una capacidad de respuesta o medidas para la prevención y mitigación de los peligros.
Logística y trabajo de campo
El trabajo de campo se llevará a cabo con el objetivo de obtener información directa y actualizada sobre las condiciones del terreno y la situación de la población en las áreas de estudio, este proceso se realizará en conjunto a los responsables del proyecto Espol y la secretaria de Gestión de Riesgo. Esta fase es esencial para validar los datos recopilados previamente y asegurar que las estrategias y recomendaciones se basen en una comprensión precisa del contexto local pertinente a un volcán piloto. • Organización del equipo técnico: el equipo estará compuesto por especialistas en el área de geología y sistemas de información geográfica. Se asignarán roles específicos para asegurar un registro eficiente y multidisciplinario de la información. • Selección del volcán piloto: la elección del volcán piloto se realizará de acuerdo con el nivel establecido en el Índice de Peligrosidad Volcánica y tomando como referencia el ranking de riesgo. Otros factores relevantes para la selección del volcán piloto incluirán la ubicación geográfica, disponibilidad de las entidades pertinentes, y detalles logísticos relevantes. Esta selección permitirá enfocar los esfuerzos en un escenario representativo y prioritario para la gestión del riesgo volcánico. • Permisos institucionales y coordinación con autoridades locales: se gestionarán previamente los permisos necesarios con autoridades locales (por ejemplo, municipios, SGR, ministerios) para garantizar el acceso a zonas específicas. Se establecerá un canal de comunicación con actores clave para facilitar el trabajo de campo y asegurar la validación local de los resultados. • Verificación de parámetros de amenaza en campo: se contrastará la información geoespacial previamente adquirida y recolectada con las condiciones observadas directamente en terreno. Esta verificación contemplará la identificación de evidencias físicas como depósitos volcánicos, rastros de lahares, y condiciones actuales del entorno. El proceso se documentará mediante registros fotográficos georreferenciados y la elaboración fichas técnicas de verificación para asegurar la sistematización y trazabilidad de la información recolectada. • Verificación de parámetros de vulnerabilidad física: se evaluará el estado estructural de edificaciones de servicios esenciales, su tipo de construcción, antigüedad, entre otros. Se dará prioridad a edificaciones de primer nivel de importancia como, por ejemplo; hospitales, estaciones de bomberos, estación de agua, estación eléctrica. • Verificación de parámetros de vulnerabilidad social: se corroborará documentación actualizada de las entidades gubernamentales como Planes de Ordenamiento Territorial (PDOT), Plan de Contingencia o Plan Local de Respuesta ante Emergencias (en caso de existir documentación), entre otros. • Verificación de vulnerabilidad sistemática: se validará la presencia de instalaciones críticas, como servicios de emergencia, sistemas de transporte, y redes de electricidad y agua potable; es decir, las líneas vitales que sostienen el funcionamiento esencial de una población ubicada en zonas de riesgo. • Análisis de datos y elaboración de informe de resultados: Una vez finalizado el trabajo de campo, se realizará el procesamiento y sistematización de la información recolectada mediante hojas de registro. Posteriormente, se llevará a cabo un análisis integrado de los factores de amenaza, vulnerabilidad y exposición para determinar si existen variaciones en los niveles de riesgo calculados anteriormente. Los hallazgos se consolidarán en un informe técnico que incluirá un resumen de los resultados, las hojas de registro utilizadas y recomendaciones específicas según las observaciones realizadas en terreno. • Taller con GAD piloto: se desarrollará un taller participativo con el GAD correspondiente al volcán piloto seleccionado, con el objetivo de concientizar a la comunidad sobre la gestión del riesgo volcánico y promover el intercambio de saberes locales. • Socialización de resultados con GAD correspondiente al volcán piloto: se presentarán hallazgos obtenido durante la investigación (proyecto), incluyendo observaciones de campo, análisis técnicos y recomendaciones específicas, a fin de facilitar su incorporación en la planificación local y fortalecer las capacidades institucionales locales.